Utilizamos un calendario que, con levísimas alteraciones, debemos a Julio César. Nuestro calendario está entre los mejores legados que heredamos de Roma, y ha facilitado nuestra vida de una manera decisiva.

El empeño de los hombres por controlar y dirigir el paso y la distribución del tiempo es muy antiguo, y siempre ha resultado difícil y complejo. Los calendarios más antiguos estaban basados en los ciclos de la luna, no del sol, y solían estar divididos en períodos de diez meses, lo que propiciaba un desplazamiento constante de las fechas, de manera que una fiesta de otoño podía, con el paso de los años, acabar celebrándose en verano o en primavera.

La necesidad de ajustar el tiempo real con las necesidades de los hombres sin la exigencia de hacer ajustes permanentes, se consiguió finalmente en Roma, en tiempos de Julio César. Veamos.

  • El año y los meses

En un principio, el calendario romano estaba basado en los ciclos de la luna. Se trataba, pues, de un calendario lunar, dividido en años de diez meses, que estaba atribuido, como tantas otras cosas, a Rómulo, el legendario fundador de la ciudad. Los meses tenían los siguientes nombres:

1º.   Martius (nuestro Marzo). En honor al dios Marte, padre de Rómulo y Remo, fue dedicado el primer mes del calendario.

2º.   Aprilis (Abril). Este segundo mes del año estaba consagrado a Apru, nombre etrusco de la diosa Venus.

3º.   Maius (Mayo). Todavía hoy se discute la atribución de este mes. Puede estar dedicado a Maya, la madre del dios Mercurio, diosa agraria identificada con el crecimiento de la vegetación. Sin embargo, hay autores que defienden que este mes está dedicado a los Maiores, igual que el mes siguiente a sus descendientes, los Iuniores. Éste punto de vista es defendido por Plutarco en su obra Cuestiones romanas, 86.

4º.   Iunius (Junio). Consagrado a la diosa Juno, esposa de Júpiter.

A partir de aquí, los meses deben su nombre al lugar que ocupan en la sucesión del calendario: Quintilis (quinto), Sextilis (sexto), September (séptimo), October (octavo), Nouember (noveno) y December (décimo).

Con esta distribución, el año tenía 304 días, lo que planteaba numerosos problemas prácticos, entre los que estaba el desplazamiento de las fechas de las estaciones. La mentalidad práctica de los romanos intentó buscar una solución.

  • La reforma de Numa Pompilio

Numa fue uno de los legendarios reyes de Roma. Su origen es sabino y reinó, según la tradición, desde el año 717 hasta el 673 a. C. Hizo una reforma muy importante que dividió el año en doce meses. El historiador Tito Livio nos lo cuenta:

Como la luna no cubre 30 días completos cada mes y faltan 6 días para la totalidad del año determinado por el movimiento del sol, intercaló unos meses complementarios y consiguió que cada 20 años los días coincidieran con la misma posición del sol con que se había empezado… También estableció unos días fastos y otros nefastos, porque algunas veces habría de ser útil no llevar asuntos ante el pueblo. (T. Livio, Historia de Roma desde su fundación, 1.19.6 y ss.)

La reforma de Numa consistió, fundamentalmente en la adición de dos meses más: el 11º llamado Ianuarius (Enero), en honor de Jano, y el 12º llamado Februarius (Febrero), en honor de Februo, dios de las purificaciones. El año terminaba, pues, con un mes dedicado a las purificaciones y, de paso, a los buenos deseos de cara al nuevo año.

La reforma también determinaba el número de días correspondiente a cada mes, de manera que el calendario romano pasó a distribuirse de la siguiente manera:

1º.  Martius, 31 días

2º.  Aprilis, 29 días

3º.  Maius, 31 días

4º.  Iunius, 29 días

5º.  Quintilis, 31 días

6º.  Sextilis, 29 días

7º.  September, 29 días

8º.  October, 31 días

9º.  Nouember, 29 días

10º. December, 29 días

11º.  Ianuarius, 29 días

12º. Februarius, 28 días

El resultado de esta distribución de los meses era un año de 355 días. Evidentemente el problema del desplazamiento de las fechas, aunque menor, seguía produciéndose, a pesar de que se intercalaban días para compensar tal desplazamiento. Durante mucho tiempo Roma se rigió por este calendario, basado en las reformas de Numa Pompilio.

Mis lectores se preguntarán entonces, con razón, cuál es la causa por la que en el calendario actual hay algunos meses que han sido desplazados de su lugar, de manera que nuestro Octubre, por ejemplo, no es el octavo mes, como correspondería a su nombre, sino el décimo. Es más ¿por qué Noviembre (el 9º) es el 11º? ¿Y por qué Diciembre (el 10º) es actualmente el 12º? La respuesta nos lleva a la Hispania del siglo II a. C.

  • Los sucesos de Hispania y el cambio en el orden de los meses

Después del gobierno de Tiberio Sempronio Graco, la provincia de Hispania se había mantenido en calma. En el año 170 a. C., Graco había llegado a ser un gobernador popular entre la nobleza y las tribus hispanas, a quienes trató con decencia. Sin embargo, las cosas cambiaron mucho con la llegada de otros gobernadores, menos sensibles que Graco con los problemas locales. El hecho es que en el año 154 estalló una revuelta en el país de los lusitanos, parte de la actual Portugal. La semilla de la rebelión prendió pronto entre los celtíberos de la Hispania central y otras tribus, y llegó a ser tan fuerte que el senado romano se alarmó ante la posibilidad de que los suministros llegados de Hispania, vitales para Roma, pudieran verse afectados.

Así pues, un decreto del propio senado ordenaba el envío a Hispania de uno de los dos cónsules del año 153 a. C. Su nombre era Quinto Fulvio Nobilior y sus órdenes, acabar con la revuelta. Y éste es el momento en que surge el problema con el calendario. Intentaré explicarlo.

Corría el mes de Diciembre, es decir, el décimo mes del calendario romano. Este hecho planteaba un conflicto muy importante para la mentalidad ultraconservadora del senado romano, pues la urgencia de mandar al cónsul a Hispania chocaba con el hecho, establecido fuertemente por la mos maiorum (la ‘costumbre de los antepasados’) de que la toma de posesión de los nuevos cónsules debía hacerse indefectiblemente en el primer mes del nuevo año, es decir, el mes de Martius (Marzo).

El nuevo cónsul debía esperar, pues, más de dos meses antes de partir a Hispania. Este hecho resultaba suicida en relación con la situación explosiva de la provincia, de manera que el senado romano tomó una decisión que caracteriza muy profundamente su mentalidad: aunar las necesidades prácticas con la mos maiorum de manera tal que la costumbre, la sagrada costumbre transmitida por los padres de Roma, no se viera alterada.

La decisión fue cambiar el orden de los meses. Dado que era Diciembre y urgía la partida del cónsul, se decretó que el mes siguiente fuera considerado a partir de entonces como el primer mes del año. De esta manera, Ianuarius (Enero) pasó a ser el primer mes del año, y el cónsul Nobilior pudo partir a Hispania con todas las de la ley, pues el día en que debía asumir el cargo, fijado en Marzo, se adelantó al 1 de Enero, día que, a partir de ese momento, quedó establecido para siempre como el primer día del año.

El nombre de los meses, sin embargo, se mantuvo por inercia (a pesar de que alguno de ellos resultaba claramente incongruente), y se fijó de la manera en que, todavía hoy, lo seguimos utilizando.

Ésta es la razón por la que octubre, noviembre y diciembre no son el octavo, noveno y décimo meses del año. El orden de los meses quedó establecido de la siguiente manera:

1º.   Ianuarius

2º.   Februarius

3º.   Martius

4º.   Aprilis

5º.   Maius

6º.   Iunius

7º.   Quintilis

8º.   Sextilis

9º.   September

10º.   October

11º.   Nouember

12º.   December

Los sucesos de Hispania cambiaron el calendario de todo occidente para siempre.

Pero el deseo de hacer que el calendario reflejase con exactitud la correspondencia de los días y la sucesión de las estaciones propició nuevos cambios que, finalmente, lo consiguieron por completo.

Éste será el motivo de un próximo artículo: Calendario romano II

 

5 Pensamientos en Calendario romano (I)

  1. Charo Lorenzo dice:

    Diríase Miguel Angel esculpiendo el David de Alejandro.
    Brillante, una vez más, en la recreación de Alejandro Magno.
    Bernardo Souvirón va más allá de la exposición cronológica de su biografía y consigue que sobre los hechos históricos descubramos la personalidad y las motivaciones de ese quijote global.
    Aunque se adivina su fascinación por el héroe, no deja que el soplo del apasionamiento arrastre sus palabras y así las conjeturas sobre los rasgos de su temperamento y motivaciones se apoyan en todo momento en los hechos recogidos en las distintas fuentes.
    Magnífica también la visualización del alcance del naufragio que supuso en la travesía de la historia la destrucción de la Biblioteca de Alejandría.
    Me parece una peligrosa simplificación asociar la Globalización con la actividad económica, y mucho más peligroso que se manipule como una nueva identidad que invade, desplaza y se superpone sobre las identidades de los pueblos.
    Globalización sí, pero no como una etapa superior del imperialismo sino como una forma de organización y de comprensión del mundo.
    ¿ Para cuando el libro sobre Alejandro Magno ?
    Muchas gracias.

  2. Fernando dice:

    Espero con impaciencia tu próximo artículo sobre el tema. Esta lección la explicástes en un programa de La Noche Menos Pensada.
    Me impresionó, y a pesar de tener muy buena memoria (la memoria es la inteligencia de los tontos), no pude retener todos los datos.
    En cuanto a lo que dice Charo, desgraciadamente la globalización solo ha sido económica, no de derechos, leyes, valores.
    En ese sentido, el Imperialismo es la fase superior del Capitalismo, la Globalizacion es la fase superior del Imperialismo.

  3. Charo Lorenzo dice:

    Comparto tu opinión Fernando, sólo intentaba apuntar cual creo que debe ser el espíritu que mueva el desafío de convivencia de la Globalización, y que parece que entendió mejor Alejandro Magno en el s. IV a.C. que los políticos del s. XXI.

  4. Miguel dice:

    ¡Gracias por esta manera de avivar la historia, maestro! No ha perdido pulso desde “De la noche al dís” ggg
    ¡Salud y ánimo!

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