La circunnavegación de África (II)

nave fenicia

Decía en el anterior artículo dedicado a la circunnavegación de África que muchos estudiosos creen que este hecho, un verdadero hito en la historia humana, fue protagonizado por navegantes portugueses en el siglo XV. Una de las razones que justifican este punto de vista es la suposición, errónea a mi juicio, de que las naves antiguas eran incapaces de acometer una navegación de altura y se limitaban a costear, tomando como referencias fundamentales algunos hitos terrestres visibles desde la posición de la nave: montañas, ciudades, bahías, etc.

Esta suposición, basada, como tantas otras, en la supuesta incapacidad e impericia de los antiguos para acometer ciertas empresas. No hace falta que explique aquí que no comparto en absoluto este punto de vista y, según creo, el texto de Heródoto que vamos a analizar a continuación contribuirá no poco a explicar a los lectores el porqué.

Heródoto es un hombre sorprendente desde muchos puntos de vista. Con el paso del tiempo, su obra me ha ido interesando cada vez más y he llegado a convencerme de que se trata de un investigador verdaderamente sagaz, inteligente y, contra la opinión de muchos eruditos, ciertamente escrupuloso.

En el ámbito geográfico los conocimientos de Heródoto eran verdaderamente sorprendentes. En un mundo por descubrir, de límites desconocidos, los hombres que se lanzaban a mares y tierras inexploradas comenzaron a “escribir” la tierra (ése es el significado exacto de la palabra geografía) movidos por un afán indestructible por conocer el mundo que habitaban.

Heródoto nos habla en su obra de tierras lejanas con una precisión difícil de creer:

Las tierras situadas hacia el oriente lejano, situadas más allá de los persas, medos, saspires y colcos, tienen al sur el mar Eritreo, mientras que al norte se extiende el mar Caspio y el río Araxes, cuyo curso se dirige hacia el oriente. Asia está habitada hasta la India, pero al este de dicho país se extiende un desierto desconocido, del que nadie puede decir, aunque sólo sea aproximadamente, ni su extensión ni sus características. (Heródoto, Historia, 4.40)

El mar Eritreo es el Océano Índico. Heródoto consideraba al mar Caspio un mar cerrado, en contra de la opinión general que, hasta Ptolomeo, lo consideraba comunicado con el lago Mayátide, actual mar de Azov, y con el Océano que rodeaba la tierra por el norte. Después de Ptolomeo, los cartógrafos medievales siguieron creyendo que el mar Caspio tenía comunicación con otro mar. Una vez más, como tantas otras, Heródoto estaba en lo cierto.

Para Heródoto, el límite oriental del mundo conocido estaba en ese desierto que “se extiende al este de la India”. Se trata del desierto de Thar o Gran Desierto Indio. Me admira el grado de precisión con el que, en el siglo V a. C., el historiador era capaz de ubicar en el mundo algunos lugares que, como en el caso de la India situada al este del Ganges, fueron realmente conocidos sólo a partir de época romana.

Pues bien, en relación con la circunnavegación de África, Heródoto (Historia, 4.42) escribe lo siguiente:

Es claro que Libia está rodeada de agua por todas partes, salvo por el lado en que limita con Asia. Que nosotros sepa­mos, el rey de Egipto Neco (o Nekao, que reinó desde el 609 hasta el 594 a. C.) fue el primero que lo demostró, ya que, tras interrum­pir la excavación del canal que, desde el Nilo, se dirigía al golfo arábigo, envió en unos navíos a ciertos fenicios, con la orden de que, a su regreso, atravesaran las Columnas de Hera­cles hasta alcanzar el mar del norte y llegar de esta manera a Egipto.

Partieron, pues, los fenicios del mar Eritreo y navega­ron por el mar del sur. Y cuando llegaba el final del otoño, atraca­ban en el lugar de Libia en que, a la sazón, se encontraran. Sembraban  entonces la tierra y aguarda­ban la cosecha. Y, una vez recogida ésta, reemprendían la navegación. Y así, en el tercer año de travesía doblaron las Columnas de Heracles y arribaron a Egipto.

Y contaban algo que,  a mi juicio no es digno de crédito (aunque quizá lo sea para otras personas): que al contornear Libia, habían tenido el sol a mano derecha”.

Éste es el texto que merece comentar con un poco de calma. Veamos.

En primer lugar, Heródoto afirma que Libia, el nombre con que el historiador designa a toda África, “está rodeada de agua por todas partes, salvo por el lado en que limita con Asia” es decir, con el istmo de Suez. Esta afirmación, completamente correcta, cayó en el olvido hasta los tiempos de Vasco de Gama.

El historiador nos dice que los fenicios a quienes Nekao había encargado la empresa, partieron del mar Rojo (el mar Eritreo) y se internaron en el océano Índico (el mar del Sur) para finalmente entrar en el Mediterráneo a través del estrecho de Gibraltar (las Columnas de Heracles) al tercer año de travesía.

Muchos autores antiguos (Aristóteles, Estrabón, Polibio…) se mostraron abiertamente escépticos ante esta afirmación de Heródoto y no dieron demasiado crédito a lo esencial de su relato. Sin embargo, la narración del padre de la historia tiene todo el aspecto de ser cierta por muchas razones. Todos los datos, en efecto, son perfectamente verosímiles: en primer lugar, la elección de fenicios para llevar a cabo una empresa semejante, pues se trataba de marineros realmente avezados, siempre dispuestos a abrir nuevas rutas comerciales y decididos (como los españoles, portugueses y holandeses siglos después) a guardar celosamente en secreto sus rutas de navegación.

Por lo demás, la travesía pudo empezar en el mar Rojo, en noviembre, para llegar al canal de Mozambique probablemente en primavera. En junio la expedición alcanzaría el sur de África, donde vararían los barcos para poder sembrar la cosecha y recogerla en noviembre. Así se cumpliría el primer año de travesía. Botarían de nuevo las naves para librar el cabo de Buena Esperanza y llegar a comienzos de la primavera al golfo de Biafra, a comienzos de verano a Liberia y, finalmente, a Marruecos, donde se detendrían por segunda vez para sembrar.

Los fenicios entrarían en el mar Mediterráneo antes de cumplirse el tercer año de travesía, después de un viaje de 25.000 Km, en el año 600 a. C.

El último párrafo del texto que les he reproducido es, a mi juicio, la prueba de que el relato de Heródoto es verídico. En efecto, el historiador considera imposible que en, el momento de contornear África con rumbo oeste (es decir, desde el índico hacia el Atlántico), el sol estuviera a la derecha, tal como afirmaban los navegantes fenicios. Se trata de una objeción perfectamente razonable pues, en efecto, el sol no puede estar nunca a la derecha de cualquier habitante del hemisferio norte que siga una dirección este-oeste. En tal caso, el sol estaría delante, encima o detrás, según el momento del día en que se hiciera la observación.

Sin embargo la descripción de los fenicios, en la que Heródoto no cree, es la prueba que necesitábamos para comprobar la veracidad de su relato. En efecto, en el hemisferio sur, al librar el cabo de Buena Esperanza con rumbo oeste, los fenicios no tuvieron más remedio que tener el sol a mano derecha desde el amanecer hasta el ocaso. Ningún habitante del hemisferio norte que no estuviera en la posición que dicen los fenicios hubiera podido tener esa experiencia.

Incluso cuando cree abiertamente que su fuente se equivoca, Heródoto nos suministra información de un valor incalculable. En el caso que nos ocupa, su crítica al comentario de los fenicios en relación con la posición del sol en el momento de librar el cabo de Buena Esperanza nos proporciona la prueba decisiva que demuestra algo casi increíble: que naves fenicias circunnavegaron África en el siglo VI a. C.

 

Publicaciones relacionadas

2 comentarios

  1. Me parece que es una enfermedad común a todas las épocas considerar que las precedentes fueron en algún aspecto inferiores, sobre todo a efectos prácticos. Esta especie de “provincianismo mental” es capaz de ignorar hasta los hechos y parece afectar de un modo especial a los considerados “autoridades” (las más de las veces estudiosos expertos en vez de expertos prácticos ggg)…
    Menos mal que siempre hay quien se asombra ante la vista de la historia y la realidad y entonces le entra el aire en la mollera jaja… Así es como se van encendiendo luces.
    Gracias por la web y por el post.

  2. Una duda sobre la situacion de India. “Me admira el grado de precisión con el que, en el siglo V a. C., el historiador era capaz de ubicar en el mundo algunos lugares que, como en el caso de la India situada al este del Ganges, fueron realmente conocidos sólo a partir de época romana.” ¿No será al E del Indo? Gracias.