Sibilas

Entrada al antro de la Sibila
Entrada al antro de la Sibila

Publico hoy una carta que Aurelia envió a Marco desde Cumas, al sur de Italia, durante el trascurso del viaje que realizó después de su reencuentro. Mientras, sigo buscando en el Manuscrito los textos que nos hablen de ese momento del reencuentro. Confío en que muy pronto podré publicarlos en esta página.

Cumas es el lugar en que se encontraba la cueva de la sibila que, según la tradición, guió a Eneas en su descenso a los infiernos.

MANUSCRIPTUM PARIUM. Lib. III, cap. III:

Querido Marco:

Sé que sigues esperándome pacientemente. Estoy deseando terminar este viaje para poder regresar a Paros y pasar contigo el resto de mis días. Ten paciencia, un poco más de paciencia, y deja que ate para siempre los últimos cabos sueltos que, todavía, me unen al pasado.

Estoy en Cumas, la primera que los griegos fundaron en Italia. Es una ciudad maravillosa, llena de evocadores paisajes, bañada por una luz que me recuerda a Grecia. En realidad, bien lo sabes tú, todo este sur de Italia es Grecia.

Te escribo sentada sobre uno de los muros que sujetan las terrazas de la acrópolis. Hace sol, la brisa es templada y, a lo lejos, resuena el galope de los caballos que se entrenan en la playa, lejana y abierta.

Acabo de visitar el antro de la Sibila, la famosa Sibila de Cumas, uno de esos seres que, según cree todo el mundo, poseen la certeza del futuro, el secreto del destino. Tengo sensaciones encontradas y me encantaría que estuvieses aquí, mirarte a los ojos, buscar en ellos el abrigo que siempre me han brindado y leer contigo los pasajes de la Eneida que describen este inquietante lugar.

¿No crees, Marco, que en el rincón más recóndito de nuestro cerebro sabemos que el futuro no existe? Sólo podemos imaginarlo, sentir que se materializa por un instante, igual que un sueño. Quizá esta furtiva certeza, la sensación de que el futuro nunca será nuestro, nos ha llevado a confiar en esos oscuros personajes que, rodeados por el halo de la extrañeza, dicen poseer los secretos del porvenir.

En el tenebroso y profundo interior de los templos o en los húmedos antros en que el tiempo parece detenerse, las sibilas, extrañas mujeres que conocen las disposiciones de los dioses, palpitan y rugen, como si su conocimiento, el reflejo que en ellas vive del tiempo futuro, las hubiera contagiado para siempre de una enfermedad maldita.

En Asia, en Grecia, en Italia, estas mujeres desgraciadas, recuerdo de un tiempo deformado por la memoria de los hombres, hijas de un pasado que ya nunca habrá de volver, ven (¡extraña paradoja!) el futuro. A su alrededor pulula, como aves de presa, toda una caterva de interpretadores de oráculos, de sacerdotes iluminados, capaces de comprender los ininteligibles sonidos que escapan de las gargantas de las sibilas cuando el trance de la adivinación posee sus sentidos. Escriben en versos, componen acrósticos que encierran oscuros secretos, recónditos designios que, al cabo, no importa que se cumplan, pues la naturaleza esencial del futuro es su absoluta inexistencia.

Los hombres, empero, acuden a Delfos o Cumas, a Samos o Dídima, a Babilonia o a Sardes. Preguntan por el futuro con la esperanza de poder tocar por un  instante la esencia de un tiempo que, indefectiblemente, habrá de robarles una parte del escaso turno de su vida. ¡Qué raza absurda! ¡Qué linaje extraño el de los hombres, que, desde el tiempo presente, pretende conocer lo que no es posible haber vivido todavía!

Nuestra vida sólo respira el aire del pasado, Marco. Sólo el pasado es nuestro, vive con nosotros, igual que un amante que espera cada día contemplar junto a su amada el aire del ocaso. Sólo el pasado nos hace como somos.

Ojalá algún templo, algún antro húmedo y oscuro albergara los gritos de una sibila capaz de conocer, de adivinar, el pasado del hombre. Ojalá algún oráculo, algún libro de arcanos, algún acróstico tejido en la mente de alguna de las sibilas del mundo pudiera explicarnos no el futuro, sino el origen, el nacimiento, la razón de nuestra existencia.

 

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2 comentarios

  1. Me encanta, toda lo místico, lo oculto, herramientas poderosas que ayudan a veces a aclarar levemente un momento de nuestra existencia, otras tan solo a contenerlo sin respuesta alguna, pero transmite esa sensación de saciedad, de libertad, de alivio, como tu relato donde vos -a través de esta experiencia- respiras aliviada, con esa sensación de llegar al encuentro de tu respuesta existencial!!
    Hermoso!!
    Soraya

  2. Bienvenido a este punto de encuentro que es tu página.
    Recuerdo con emoción el viaje que hicimos contigo a Cumas, fue una revelación.
    Es posible que las sibilas conozcan el futuro, los que lo conocen perfectamente son los niños de tu artículo, saben que no tienen futuro, a menos que nosotros se lo proporcionemos, a la par que defendemos el de nuestros hijos que se lo están robando delante de nuestras narices.
    Podemos mirarles a los ojos y decirles que teníamos unos derechos y libertades y se perdieron, lo que no podemos es decirles que no luchamos por defenderlos.