Violencia de guante blanco

Pedro Olalla, Atenas. 13/02/2012

Violencia de guante blanco. Pedro Olalla

Ayer, una vez más, los informativos de medio mundo transmitieron la imagen de una Atenas en llamas y exhibieron el rostro compungido de algunos políticos condenando la violencia. Esa violencia que condenan –y que, en el fondo les favorece–, la hemos condenado repetidamente, no sólo con palabras sino también con actos, quienes acudimos una y otra vez a manifestarnos desde la no-violencia contra la desmedida violencia de guante blanco ejercida impunemente por quienes de iure y de facto nos gobiernan.

Ayer, desde las cinco de la tarde, había en la plaza Syntagma de Atenas más de cien mil personas tratando de impedir de forma no violenta que avanzara aún más el funesto plan que está dejando a Grecia hundida en la miseria y sometida a la voluntad de sus controvertidos acreedores. Esa no-violencia no llenó las pantallas ni los periódicos. Sin ir más lejos, pasó desapercibida la imagen de los ancianos Mikis Theodorakis y Manolis Glezos tratando de hablar con los antidisturbios y teniendo que ser evacuados entre una nube de gases lacrimógenos. Yo estaba allí, a su lado, junto a otros muchos que tragamos de lleno la primera bocanada. Corrimos todos haciendo arcadas y tratando de abrir paso para sacar a Theodorakis en su silla de ruedas pegado a una máscara antigás.

Violencia policial contra Mikis Theodorakis y protestantes pacíficos

Media hora después, ya recuperados, los dos respetados personajes trataron de acercarse de nuevo mientras, en uno y otro punto de la plaza, la policía continuaba lanzando gases contra una masa compacta de manifestantes pacíficos que retrocedía y volvía a avanzar según la densidad del humo, sin intención de abandonar la plaza. Todo esto –de lo que poco se informa–, sucedió mucho antes de los disturbios en las calles circundantes, mucho antes de que cayera la noche y, lamentablemente, instigadores y alborotadores –cuya tesitura moral guarda nula relación con la del grueso de los manifestantes– hicieran arder varios edificios del centro.

Esta violencia de reyerta la condenamos todos. Pero hay que condenar también la otra: la de un gobierno que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasea sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo para no sentirse cómplices de la injusticia; la de unos “representantes” de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana del parlamento para ver que, desde hace ya tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada; la violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle un referéndum para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados en su nombre por un gobierno colaboracionista de muy dudosa legitimidad democrática; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones este invierno; la violencia de haber situado ya al 28% de la población del país bajo el umbral de la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, o a la miseria de ser contratado por 500 euros y acribillado a impuestos; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación. Esta es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta de los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas misera, explotación, colonialismo, guerra y muerte, y, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven arder un contenedor de basura.

 

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La antigua Grecia y el futuro

Del 6 al 9 de abril de 2012

  • Inscripción: talleres.islados@gmail.com
  • Plazas limitadas a 15 alumnos
  • Precio del taller y la estancia: 520 € (incluye desayuno y comida durante los días del taller y opción a 4 noches de estancia en habitación compartida)

Pensador de Rodin. Calle Larios, Málaga

El conocimiento del futuro nos está vedado por completo. La historia evoluciona con frecuencia independientemente de la voluntad de quienes la protagonizan y obedece leyes que no siempre es posible detectar.

Conocer el futuro es un acto inútil, decía Cicerón, pero desconocer el pasado, añadía, es propio de quienes quieren seguir siendo niños. Quizá ésta es una de las razones que han hecho a la humanidad cometer los mismos errores en diferentes épocas, como si la ignorancia de lo que ha sucedido nos impidiera conocer lo que sucede y aun lo que puede suceder.

Así pues, el presente taller intentará penetrar con cierta profundidad en el conocimiento de ciertos acontecimientos que, aun habiendo ocurrido hace mucho tiempo, pueden ayudarnos a comprender el presente e imaginar el futuro. Eso es, al cabo, lo mejor del estudio del pasado: que puede arrojar algún rayo de luz sobre los acontecimientos del presente.

Por lo que respecta a Occidente (y en gran medida a todo nuestro mundo), los acontecimientos decisivos tuvieron lugar en Grecia. Libertad, política, democracia, globalización… son conceptos inventados, experimentados y frecuentemente sufridos en Grecia y, poco después, en Roma. Desde allí, en un verdadero viaje en el tiempo, tales experiencias han llegado hasta un mundo como el nuestro que, de una manera creciente, cree que las vive por primera vez.

PROGRAMA

La antigua Grecia y el futuro, por Bernardo Souvirón

Propuesta de Josep M. Fontserè
Representación alegórica de la fuerza, Kaspar von Zumbusch, Munich 1875
Viernes
INTRODUCCIÓN
– ¿Puede el pasado explicar el presente?
– ¿Qué diferencia a los antiguos griegos de otros pueblos?
¿Por qué en Grecia se desarrolló el espíritu humano como en ninguna otra parte?
– Theoí y ánthropoi: oposición entre dios y hombre
– La Historia como “conglomerado heredado”

Sábado
LOS CIMIENTOS DE LA SOCIEDAD ACTUAL: HOMBRE VERSUS MUJER
Mañana
– Un mundo pacífico: la civilización minoica
– Mujer y paz: el matriarcado preindoeuropeo
– Gilgamés: la civilización del hombre salvaje
– La Tawananna hitita
– Migraciones indoeuropeas: aparición de la guerra
Tarde
– El momento decisivo: la constitución de la sociedad patriarcal en Grecia. Los griegos micénicos.
– Hombre y guerra: la gloria del guerrero
– Una conditio sine qua non: la desaparición social de la mujer
– Un mundo de héroes: la inexistencia del individuo

Domingo
PENSAMIENTO MÍTICO Y PENSAMIENTO RACIONAL. DEL HÉROE AL CIUDADANO
Mañana
– Mito y razón: pensamiento mítico y pensamiento racional
– Homero. ¿Poeta o historiador?
– La Ilíada y la Odisea: mitos para encontrar y comprender la historia
Tarde
– El descubrimiento de la individualidad
– Estado y pólis
– Poesía e individualidad
– Prosa y política
– La razón produce sabios. La contemplación de lo que permanece oculto: la verdad
– Los primeros humanistas: de Tales a Heráclito
– Aparición de una oposición que todavía hoy permanece: phýsis/nómos

Lunes
EL NACIMIENTO DE LA LIBERTAD. SUS CONSECUENCIAS
Mañana
– Individuo y entorno
– Libertad y ciencia
– Libertad y política
– El peso de los dioses
– El origen de la mentalidad democrática
Tarde
– Primer ataque al conglomerado heredado
– Democracia y tragedia
– Crisis de la pólis: la globalización
– ¿Está el futuro escrito en el pasado?
 

CONTACTO
Talleres Islados
C. San Fernando, 49
07702 Maó – Menorca
Illes Balears
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Más información:

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Alcmán, el extraño poeta que escribía en Laconio

Fragmento de un papiro procedente de Oxirrinco (Egipto), que contiene un texto de Alcmán.

Entre los poetas líricos de la antigua Grecia, algunos son completamente desconocidos por todo aquel que no sea un especialista. Algunas veces, estos poetas son auténticos pioneros. Otras, verdaderas rarezas.

Tal es el caso de Alcmán, el único representante de lo que podríamos llamar la literatura laconia. El término laconio es casi sinónimo de espartano, pues Laconia era la región en la que se asentaba la ciudad doria por excelencia. Alcmán es el único autor de la literatura griega que escribe en el dialecto de Esparta, aunque parece que no era natural de esta ciudad (algunos autores sostienen, sin embargo, que sí), sino de Sardes, la capital de Lidia, en Asia Menor (en la actual Turquía).

Vivió en el siglo VII a. C., durante la llamada época arcaica, y es testigo de un mundo que no habría de sobrevivirle muchos años. Por aquella época, Esparta era una especie de meca de la poesía lírica coral, y acogía en su seno no sólo a poetas locales, sino a esa clase de poeta itinerante, viajero, que, al amparo de la generosidad de ciertos nobles y reyes, acaba estableciéndose lejos de su patria.

Los fragmentos que conservamos de Alcmán nos permiten, quizá por única vez, adentrarnos no sólo en un tipo de poesía relativamente desconocida, sino también en una Esparta que está lejos de la dureza y sobriedad que habrían de caracterizarla más tarde. Por esta época, convivían en la ciudad verdaderos arcaísmos, muy antiguos, y, a la vez, las nuevas corrientes artísticas y literarias procedentes de Oriente. Las excavaciones arqueológicas dan buena fe de ello.

Es extraño contemplar, a través de los versos de Alcmán y de otros poetas, una Esparta en la que el esplendor e, incluso el lujo, aparecen en las fiestas y se reflejan en los coros, especialmente femeninos, que cantan en honor de la juventud, de las bodas, de la virginidad y de toda suerte de símbolos de renovación de la vida.

Sólo conservamos fragmentos (alguno bastante extenso) de la obra de Alcmán. En las líneas que siguen voy a reproducir alguno de ellos, con la esperanza de que el lector pueda conocer algo del arte de uno de los primeros poetas de la historia de Occidente.

Sobre la melancolía que provoca le vejez (el recuerdo de haber sido joven), Alcmán escribe:

 

Muchachas de dulces cantos y voz amada,
mis rodillas apenas pueden ya sostenerme.
Ojalá fuera yo un cérilo, ave sagrada
que, brillante, vuela, purpúrea como el mar,
con el corazón valiente, sobre las olas.
(Fragmento 26 LP)

 

En otro fragmento el poeta evoca la noche en la naturaleza virgen. ¡Qué clase de milagro ha tenido que darse para que, dos mil setecientos años después, podamos leer estos versos!

 

Duermen las cumbres de las montañas y los valles.
Duermen las colinas y las barrancas,
y el bosque, y los animales que cría la negra tierra.
Duermen las fieras del monte, los enjambres,
y los monstruos en el fondo del mar fulgente.
Y duermen las aves, muchedumbre de largas alas.
(Fragmento 89 LP)

 

Y por último, un fragmento en el que el poeta habla de sí mismo. La poesía lírica es el seno del que nació la individualidad en la antigua Grecia y sirvió, a la vez, como vehículo de expresión de los sentimientos individuales, ausentes por completo en los versos homéricos.

 

Te daré un día un cuenco
en el que acopiar toda suerte de manjares.
Todavía no ha sido calentado por el fuego
pero muy pronto estará lleno con uno de esos guisos
que Alcmán, el cometodo, disfruta probando al caer la tarde.
Pues él no come nada exquisito.
Al contrario: como el pueblo, Alcmán disfruta con manjares corrientes.
(Fragmento 17 P)

 

La sencillez y claridad de la poesía lírica se hacen atemporales en estos versos, escritos hace 2700 años.

 

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Oasis

Palmira (Tadmor)
Palmira, cerca del Campo de Diocleciano. Al fondo puede verse el comienzo del Valle de las Tumbas.

Este texto es de nuevo una carta. Pero no es una carta más, sino una de las más importantes de todas las que he conseguido leer en mi diaria tarea por conocer a Aurelia. La verdad es que, enfrascado en la traducción de otras partes del Manuscrito, la había pasado por alto. El amigo (y en otro tiempo amante y compañero) de Aurelia, la escribe desde Tadmor, la ciudad a la que los romanos llamarían después Palmira. Al final de su carta revela un dato que, como verán mis lectores, es  muy importante.

MANUSCRIPTUM PARIUM21. 8

En realidad, querida Aurelia, no sabría explicarte las razones que me empujaron a realizar este viaje. Sin duda estarán dentro de mí, pues lo que siempre descubro cuando viajo es que en mi equipaje no sólo llevo algunos libros, alguna ropa y algunos recuerdos, sino también la mayor parte de mis preocupaciones y temores. Especialmente los que tienen que ver con la situación de nuestra patria, acosada hoy por los salvadores de siempre, por esa clase de canallas que no repara en nada con tal de aumentar su poder y, sobre todo, su riqueza.

Pero no es mi intención abrumarte con las preocupaciones que en los últimos años han asaltado mi mente, pues sé de sobra que tú, desde ese dorado exilio en el que vives, las compartes. ¡Cómo envidio la calma que parece desprenderse de cada una de tus cartas! ¡Cómo me gustaría compartir contigo la mágica luz de los atardeceres de Paros! Todavía recuerdo la Luna derramada sobre el mármol del templo de Apolo, junto a la bocana del puerto, y las cenas que compartíamos bajo la parra que cubría el patio de tu casa, encima del mar. A pesar de que los dos éramos unos exiliados, aquellos días han dejado en mi recuerdo algunos flecos de felicidad.

Tú, con una decisión que honra tu inteligencia, has elegido quedarte allí. Yo, sin embargo, regresé a Roma. Ahora sé que no debí haberlo hecho: mi vida, desde entonces, ha sido una constante decepción; amigos perdidos, sueños postergados, deseos incumplidos y, sobre todo, la sombría percepción de que ya no pertenezco a esta ciudad. Ni a este mundo.

A mi alrededor, las cosas han cambiado tanto que, por primera vez en toda mi vida, siento que el futuro ya no me pertenece y que la vida me ha dado ya todo lo que podía darme. Por así decirlo, querida Aurelia, he doblado la esquina de una calle que nunca volveré a transitar. Delante de mí ya no escucho los gritos de la juventud, no siento el vértigo del amor y sé que los lugares en los que fui feliz, en los que mi sudor se mezcló con el de las mujeres a las que amé, ya no existen. El paso del tiempo y la mano voraz de los que asocian el progreso con la devastación los han borrado de la Tierra.

Creo que esa es la razón que me ha empujado a hacer este viaje: intentar que la luz de estos lugares en los que nunca viví, llene mis ojos con nuevos paisajes y mi memoria con nuevos recuerdos. Aunque sé que acabaré en Paros (pues no puedo evitar el impulso de verte nuevamente), esta noche, sentado al abrigo de una de las muchas palmeras que llenan el oasis de Tadmor, mirando el horizonte rojo de este ocaso en la frontera del desierto, sólo deseo prolongar esta paz hasta el día en que volvamos a vernos.

Quizá bajo la parra del patio de tu casa, rodeados por la luz de la Luna y el rumor de las olas del Egeo, podamos evocar los días en que creímos que amarnos era lo más importante. Con esa esperanza he partido de Roma y me he adentrado en estas tierras, frontera del mundo.

Porque no quiero volver a mirarte antes de haber visto con mis propios ojos la tierra de tus padres.

 

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